Editorial

La educación… qué futuro nos espera

 

Por décadas, los mexicanos hemos padecido una pobreza educativa, la cual se vio agravada, gracias a los dos fallidos sexenios panistas, (Fox y Calderón), sexenios en los que se le permitió a la “maestra” Gordillo y su poderoso sindicato, tuvieran injerencia directa en las políticas de la educación, creando un verdadero desastre que algunos tachan de catástrofe educativa.

 En primer lugar, por la poca preparación de los maestros y su falta de conciencia, respecto a la importante misión adquirida. No hay ética en el Magisterio. Segundo, los estudiantes no están aprendiendo nada útil para desarrollarse en sociedad y mucho menos en el mercado laboral. Tercero, la falta de visión por parte de las autoridades educativas que buscan más los resultados en cifras y porcentajes que una verdadera reforma educativa. Cada vez hay más organismos burocráticos alrededor de la SEP, y ninguno ha funcionado para mejorar la educación, peri si para los mismos burócratas. Cuarto, la perversa alianza de los sindicatos de maestros con el poder político y la corrupción que priva ya descaradamente entre los dirigentes sindicales. Cinco, la terrible influencia de las televisoras comerciales en la vida familiar, con programas tan nefastos como “Laura de América”, por poner un ejemplo nada más.

 

Ahora bien, la Reforma Educativa, lanzada por el Presidente Peña Nieto, pretende imponer una disciplina laboral, para controlar políticamente al Magisterio. Se trata de una reforma administrativa que nada tiene que ver con el mejoramiento de la educación de millones de estudiantes, pero eso sí, contaremos con “maestros mejor preparados”, mismos que estarán más preocupados en estudiar para presentar su obligatorio examen de evaluación, que en preparar mejor a los educandos.

 

Otro punto que se sospecha pero no se dice, es que dicha Reforma pretende limpiar al gremio, eliminando a los maestros que cobran su quincena y todas sus prestaciones pero no asisten a dar clase. O aquellos que tienen varias plazas con nombres distintos. Y qué decir de los que están “comisionados”, (no dan clases y nadie sabe a que se dedican). O aquellos que heredaron sus plazas sin ser maestros y no dan pie con bola a la hora de impartir una clase.

 

Es innegable, la corrupción que priva en todos los sindicatos y, el Magisterio no es la excepción, pero si con esta reforma se pretende limpiar al Magisterio y su sindicato, habría que empezar con un “o todos coludos o todos rabones” y limpiar también otros sindicatos, como el petrolero, que son un dechado de corrupción y porquería.

 

Ojalá que la objetividad inunde a los actores políticos y en el futuro piensen, concienzudamente, antes de imponer sus reformas, por el bien de México y de todos los mexicanos.

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